La Voz de la Sierra

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La lupa de Guillermo Redondo | Municipalistas al borde

No todo en la vida sale como uno relata, cree o quiere. De hecho pocas veces las cosas salen como las crónicas aventajadas auguran y adelantan. No les cuento ya el directo a la mandíbula que suponen las expectativas que amortajan nuestro futuro más cercano. Las peores resacas, también los errores, proceden de las más alocadas noches.
Esas noches en las que al día siguiente despiertas en una habitación, la tuya en el mayor de los casos, con las persianas bajadas, la luz apagada y aún vestido. Y eso no lo esperabas, lo sabías pero no lo querías ver. También te pasa cuando en una entrevista de trabajo crees que has sido el mejor candidato porque has respondido esto y esto otro y porque tienes tanto o nosequé. O cuando en un examen de la asignatura fácil te presentas sin estudiar unos apuntes que has tomado por tomar. Incluso cuando vas a un partido de fútbol de proyecto de barrigudos creyéndote superior y cuatro críos te endosan un meneo.

No obstante, a veces las cosas también salen bien. Cuando los resultados no son una sorpresa es porque el análisis ha sido real, honesto, certero, amplio, sin intereses. Hay veces que sabes que otros candidatos para el puesto de trabajo son tan buenos como tú, que el equipo al que te enfrentas son más jóvenes y apasionados o que el examen entraña una dificultad que no has podido ver.
En política pasa algo parecido, pero con una gran diferencia. Ellos están obligados a creerse los mejores, a pensar en el éxito, a ilusionar con una victoria, porque su resultado depende de ello, de la capacidad para crear una burbuja, un ambiente arrasador. Y cuando eso no sucede, sucede el resto.

Parece que se ha roto una agrupación municipalista más en nuestra comarca, en este caso en Collado Villalba. Una agrupación que como todas – las municipalistas y las no municipalistas – se creían que iban a cambiar el color de la política local. Y no fue así. Y cuando eso pasa hay muchas formas de sobreponerse. Pero suele ser necesario hacerlo desde la autocrítica, pero sobre todo desde el análisis completo. En Alpedrete se rompió UNPA, cuando se quedaron con los mismos concejales con los que estaban, en Guadarrama la nueva dirección de APPG hizo autocrítica para marcar sus errores y tratar de reconstruirse y ahora en Villalba, MCV ha saltado por los aires en una detonación controlada. De momento un concejal menos y un cambio en la dirección (aunque no sabemos mucho más).

Este conflicto es el más ilógico de los tres, y de los múltiples casos de la Sierra de Guadarrama donde otras marcas vecinales han perdido y mantenido la calma. De los mencionados es el único que consiguió mejorar sus resultados hasta meter tres concejales en el consistorio y ahora se precipitan al abismo de quedarse con uno o ninguno. Los tiempos dirán.