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La presencia de la oruga procesionaria se adelanta con el calor: qué es y cómo actuar en caso de contacto

Las altas temperaturas poco habituales en estas fechas han hecho que la oruga procesionaria haya llegado a Madrid antes de tiempo. La temporada suele registrarse de marzo a junio, pero en la Comunidad empezaron a detectarse los primeros casos a finales de enero.

La Thaumetopoea pityocampa, conocida comúnmente como la oruga procesionaria, son larvas que habitan en los bolsones de los pinos y se alimentan de sus hojas. En la temporada de invierno nacen y comienzan a verse los primeros nidos en los extremos de las ramas, pero, con el aumento de las temperaturas, bajan al suelo para enterrarse y formar una especie de procesión, de ahí su nombre.

Esta especie está experimentando un aumento de su población debido a los otoños cálidos y secos que se han venido produciendo en los últimos años. Los insectos producen grandes daños en las zonas forestales, disminuyendo la masa arbolada y propiciando así la aparición de otras plagas. Además, contribuyen a la propagación de incendios más fácilmente y pueden perjudicar gravemente la salud de las personas y mascotas al estar en contacto directo.

El Cuerpo de Agentes Forestales autonómico (CAF) ya ha comenzado a supervisar más de 65.000 hectáreas de pinares de toda la región para detectar la presencia de este insecto. Las zonas más afectadas por el momento son la Sierra de Guadarrama y el sureste madrileño, pero no se descarta su presencia en zonas urbanas de la capital.

Precauciones que deben tenerse en cuenta

Las orugas están cubiertas de pelos urticantes debido a una toxina termolábil denominada Thaumatopina. Estos pelos se desprenden y flotan en el aire y pueden ser muy perjudiciales para la salud. El CAF aconseja evitar pasear bajo los pinos donde se detecte su presencia y, en caso de transitar por estas zonas, cubrirse la mayor parte del cuerpo, llevar gorra y gafas, y no frotarse los ojos.

Si se produce contacto directo, los filamentos, además de provocar reacciones de urticaria, en casos aislados, también pueden causar choques anafilácticos graves, por lo que conviene ducharse lo antes posible con agua tibia y lavar la ropa utilizada. Los especialistas subrayan la importancia de no rascarse la zona afectada, ya que podría favorecer la propagación de los filamentos tóxicos.

También se aconseja que los niños y mascotas vayan sujetos por los adultos para evitar que puedan tocar las orugas. En el caso de las mascotas, se recomienda el uso de bozales, ya que cabe el riesgo de que puedan tragarse el insecto y provocarles inflamaciones internas. Si se produjera este hecho, debe acudirse a una clínica veterinaria con urgencia.

Especie que crece de forma exponencial

Se calcula que cada mariposa puede poner unos 200 huevos cada año, además, las inusuales altas temperaturas en los meses de invierno suponen que su población se reproduzca de forma acelerada y dificulte su control.

En la Comunidad de Madrid, estas orugas suelen abundar en la zona de la Sierra por la alta presencia de pinos y suponen un problema para los Ayuntamientos que se ven obligados a extremar las precauciones prácticamente todo el año. Estas acciones van desde cortar uno a uno los bolsones donde habitan a eliminar las orugas cuando bajan del árbol colocando bolsas de agua alrededor del tronco para que se ahoguen. También es habitual usar trampas de feromonas para atrapar a los machos cuando las orugas ya están enterradas en el suelo y así impedir que fecunden a las hembras.

La presencia de las orugas disminuye en verano, cuando las larvas culminan su metamorfosis y se convierten en mariposas.