La Voz de la Sierra

Noticias de la Sierra de Madrid

El análisis de Luis de la Calle | Alcaldesa y mártir

Cuando se redactan estas líneas, aún no se ha celebrado el pleno ordinario de Enero en el Ayuntamiento de Collado Villalba.

También puede ser que, cuando ustedes lean esto, se haya celebrado (o no, todo es posible). En cualquier caso, esa circunstancia temporal no es obstáculo para llegar a una conclusión: a nuestra alcaldesa le gusta sufrir. Porque, de lo contrario, no se explica que soporte sobre sus hombros la deslealtad, la sospecha y la amenaza, desde hace años, de una moción de censura por parte de sus propios socios de gobierno. Una amenaza que confirmaba Andrés Villa en los micrófonos de la SER y que coincidía con los días que Vargas permanecía ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital.

Le gusta sufrir porque, de lo contrario, no se explica que, tal y como ella misma ha asegurado, ya en Diciembre pasado tenía conocimiento de la presencia de Francisco Santandreu (personal de confianza de Ciudadanos) en reuniones preparatorias y deliberaciones de reuniones de un tribunal de oposición y ha sido un mes después cuando ha tomado la decisión de cesarlo. Algo que ha puesto más de los nervios aún a su socio naranja.

En pocas palabras: estaba todo preparado para amañar una oposición. Algo lo suficientemente grave como para que, cuanto menos, el Comité de Empresa del Ayuntamiento, hubiera (al menos) dicho algo. Pero no. Silencio absoluto. ¡Con lo que fue el Comité de Empresa hace no muchos años!

Esto me lleva a pensar (desconfiado que soy, no lo puedo remediar) que alguien puede estar esperando un ascenso o cambio de categoría a cambio de cerrar la boca y denunciar presuntas irregularidades como la manifestada por la alcaldesa. Hace años, habría ardido Troya.

Estamos ante hechos tan graves que, la presentación de una moción de reprobación a Mariola Vargas por parte del grupo municipal Unidas por Collado Villalba, dejan a su destinataria impasible. Es más: apostaría lo que fuera a que lo agradece. Y más, tras los acontecimientos del pasado fin de semana, cuando la Guardia Civil evitaba la “ocupación” en la calle Madrid.

Entre unas cosas y otras, la alcaldesa, sola (con los suyos) ante el peligro, se carga de argumentos para defender su gestión. 

El pleno se presenta interesante. Pero las preguntas siguen en el aire sin respuesta: ¿Se puede gobernar en coalición con quien desconfías, con quien no hablas, con quien no existe relación posible? ¿Por qué? 

Y por otra parte, ¿cómo es posible que, en medio de esta vorágine, la otra parte del equipo de gobierno no haya tomado ya la decisión de abandonar el mismo? En mi tierra suelen definirlo con tres palabras: ¡Qué cuajo tienen!