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«Una de semáforos», el análisis de Luis de la Calle

Estas últimas semanas ha cobrado protagonismo el término «cargarse» como descriptivo de nuestro devenir cotidiano. Nos hemos acostumbrado a que alguien, generalmente en puesto de mando, quiera cargarse algo.

Ejemplo: Ayuso quiere cargarse la sanidad pública. Y a punto está de conseguirlo si tenemos que ir haciéndonos a la idea de que una urgencia nos será atendida a través de una pantalla. Si seguimos así, los hospitales, tan ensalzados por la derecha ayusina y tan boicoteados, según Ayuso, por la izquierda bolivariana dejarán algún día de tener sentido: los médicos nos atenderán desde sus propios domicilios, incluso en gayumbos y nos diagnosticarán con un simple vistazo.

Pero no nos vayamos al kilómetro cero. No hace falta bajar a la capital de las Españas para seguir aplicando el término. Aquí, bien cerquita, en Collado Villalba, pretenden cargarse los semáforos.

Fíjense, que algo tan cotidiano, tan familiar, tan ligado a nuestras vidas peatonales como unos semáforos, ha cobrado en un mes un protagonismo que ni en sueños hubiéramos podido imaginar. Más de un mes sin ellos en pleno centro y la gracia divina han conseguido que, como no ha habido ningún atropello ante tal carencia, nuestros gobernantes locales se planteen aquello de: «bien pensado… semáforos ¿pa qué? Si el código de la circulación ya señala que ante un paso de peatones el conductor tiene que parar y el peatón cruzar… ».

El Altísimo, siempre desde su magnanimidad, ha querido que nadie resulte afectado por incidente alguno. El resto ya corresponde a la tan requerida PACIENCIA de los vecinos, que vuelven a demostrar, superándose incluso que, de esa cualidad, van más que sobrados. Y mientras esperamos que la «doble A» (Aísa y Arrate) decidan si semáforos sí o semáforos no, seguiremos encomendándonos al más allá para que acá no pase nada.

Pero, al mismo tiempo, preguntándonos (sin el más mínimo ápice de malicia, por supuesto): Si la tan traída y llevada placa que resulta esencial para que los artilugios funcionen ya se ha encargado sabe Dios a qué confín del planeta y al parecer cuesta una pasta… ¿Por qué razón nos estamos planteando ahora prescindir de semáforos? ¿Qué vamos a hacer con la placa cuando llegue? Supuestamente aprovecharla para otra esperada avería. Porque (siempre supuestamente), esa misma placa valdrá para el resto de semáforos del pueblo… ¿Verdad?

Y ya puestos… ¿Qué hacemos con la empresa que, desde este pasado verano, se está encargando del perfecto funcionamiento de los aparatos semafóricos? Porque, aunque resultase la más barata, solamente con este mes ya está saliéndonos por un pico.

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