La Voz de la Sierra

Miércoles, 23 de Agosto de 2017

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Isabel Gemio y Jorge Javier Vázquez (Buena radio y mala televisión)

Un artículo de Matías Antolín, escritor y periodista.

2014-10-23
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La radio fue “la novia de España” durante los años de pelargón y sabañones. Me apasionaba aquella dama escondida en el zurrón de la repisa. Me enamoré de su voz, de sus silencios, de sus canciones.....Mi sueño era entrar algún día en aquella pajarera ciega, ser una voz en aquel coro que sonaba en las casas. Así como los pintores hablan con las manos y nosotros les escuchamos con los ojos, para las orejas la voz podía ser la letra escrita en el cuaderno del aire, el papel más transparente. En esta profesión cohabito con excelentes periodistas, como Carlos Herrera, Carlos Alsina, Javier Ruiz Taboada, Javier Ares, Julia Otero, Isabel Gemio…, pero también con inquisidores, mercaderes de palabras, tiranos de la información, gacetilleros cagatintas, cotorras de alcoba, relamidos soplamicros….,como Jorge Javier Vázquez. Este Premio Ondas (¡tres señales de la cruz!) padece insolente impertinencia. En el periodismo, como en cualquier otra profesión, siempre habrá gente con un talento natural para camuflar su falta de talento. Es el caso de JJV. Cuando osa criticar la extraordinaria labor que realiza unaprofesional tan competente como Isabel Gemio, me dan ganas de arrojarle todos los tomates que encuentre. Neorrealismo televisivo llama este pigmeo mental a lo que yo llamo mezquino mercadeo de sentimientos. JJV, entre la miseria de sus prejuicios y la torpeza de sus obsesiones, usa la forma más rastrera de fomentar los bajos instintos del telespectador. Es descorazonador esta mal llamada prensa rosa del corazón, cuando es amarilla del hígado. Su impúdico exhibicionismo provoca el patético voyeurismo de sus millonarias audiencias. Funciona el circo de “a mayor zafiedad, mayor audiencia”.

Entretener lo hacía Narciso Ibáñez Serrador, Alfredo Amestoy, Adolfo Marsillach, Jaime de Armiñán, José María Iñigo, Antonio Mercero, Pepe Navarro…. Este espectáculo de la indignidad me parece indefendible. Jorge Javier vende historietas de insidias a costa del morbo insaciable del prójimo. Ese gualtrapa cotilla lleva años dando hilo a la cometa hasta que ha sucumbido al más vergonzoso ridículo profesional. Comprendo que la paciencia de algunos famosos, se agote ante el feroz acoso a que les somete este tipo de periodistas, que, como los malos toreros, no hacen faenas, hacen cabronadas. Jorge Javier, con esa postiza sonrisa de avaro, de cínico y de falso,es un alcahuete que manipula todo cada tarde con descaro de sinvergüenza. Engullir tanta basura produce naúseas.  ¡Maldita carroña periodística!. JJV es un creído sabelotodo de flaco pensamiento y gorda estupidez. Todo el programa se basa en datos no contrastados, rumores elevados a categoría de noticias, fuentes desconocidas o arroyos infectados…Eso no puede cobijarse bajo el paraguas de la libertad de expresión. Este presentadorcete de voz estropajosa y clueca se cree la única coca-cola del desierto.

La radio tiene un lenguaje específico y una de las que mejor conoce su gramática es Isabel Gemio. En “Te doy mi palabra” (Onda Cero-fines de semana-), Isabel ha logrado concitar a su alrededor a un equipo animoso, ilusionado y competente. Lucha con una de las armas más antigua: la palabra (que es mitad de quien la dice y mitad de quien la escucha). He trabajado con los primeros espadas de la radio y no he visto a nadie tan preocupada con la forma y el fondo de un programa. Isabel cuida con sensibilidad el ritmo, crea una banda sonora magistral con la valiosa colaboración del realizador Nacho García y el productor Jaime Novo. Aún cabalgando en la fantasía, Isabel necesita el trampolín de la realidad para dar ese salto en el vacío cada fin de semana, porque los molinos de viento son eso, y no desaforados gigantes. Intenta humanizar la radio, respetar al oyente, saberle dar su sitio. Por lo que le escucho decir a Jorge Javier Vázquez contra Isabel Gemio, sus palabras no son perchas donde cuelgue la razón. Todo es relativo menos JJV, que es absoluto. Absolutamente impresentable. Para desacreditar a alguien hay que tener mucho crédito, pero ese superengreído está empeñado en dar tono racional a lo propio y negárselo a lo ajeno. No puede haber tolerancia con la intolerancia de este gurú que está cayendo en una información barriobajera basada en insultar y descalificar a la gente que no piensan como él.

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