La Voz de la Sierra

Jueves, 15 de Noviembre de 2018

culturaCollado Villalba

Dehesas y fresnos

Texto: Gloria Díaz. Ilustración: Julián Redondo

2011-10-19
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Camino entre fresnos. Me detengo un instante a admirar sus misteriosas y oscuras cavidades preguntándome quién serán sus moradores. Sus troncos son la muestra de una morfología tallada a fuerza de desmoches. Sus formas engrosadas evidencian su convivencia centenaria con nosotros. Habitantes de nuestras dehesas de la Sierra de Guadarrama, constituyen la representación de un rico ecosistema ligado al aprovechamiento humano. Zonas bajas de pasto donde confluyen las aguas venidas de las alturas. El edén. La vida en su más pura esencia.

Los ejemplares más longevos parecen viejos sabios. Anacoretas importunados suplicando clemencia. Encerrados en terrenos fragmentados por carreteras que rugen sin cesar y fincas urbanizables a la espera de mejores tiempos para el ladrillo.

Sus hermosos portes no entienden de competencias administrativas ni de transferencias de gestión. Siempre convivieron tranquilos junto a sauces, melojos, encinas, robles, chopos, quejigos, olmos, álamos y otros árboles que han configurado y perpetuado la vida en la dehesa, hábitat del gato montés y de la jineta, del búho y del águila, de diferentes reptiles y multitud de insectos.

Los fresnos envidian hoy a las rocas de las alturas, que silenciosas y talladas por el viento, la lluvia y el hielo han sido las privilegiadas protegidas ante los futuros especuladores.

Admiro la belleza de un fresno y su entorno mientras recuerdo que la idea de proteger todas estas tierras se remonta a una reivindicación que en pocos años llegará a su centenario y que pretendía preservar los elementos rurales y urbanos respetando una identidad ancestral fraguada durante siglos. Pienso en ilustres personas como el geólogo Casiano del Prado o el entomólogo Mariano de la Paz Graells, en Francisco Giner de los Ríos y en los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza; en todos aquellos que convirtieron a estas montañas en fuente de inspiración y campo de vivencia para sus métodos pedagógicos, para su sentido de la higiene y la salud, y para sus planteamientos morales y estéticos. También en los deportistas de la montaña y en la Sociedad Española de Alpinismo Peñalara, que constituyeron uno de los elementos protagonistas que conformaron el “guadarramismo”, compartiendo aficiones y amistades con científicos, pedagogos, artistas y escritores.

Han pasado, lamentablemente, muchos años desde entonces hasta que ha surgido una nueva oportunidad para la Sierra de Guadarrama, para que pueda gozar del reconocimiento que se merece y sea finalmente declarada Parque Nacional. Para reconocer que es generosa por las aguas y el oxígeno que nos regala.

Hay heridas que difícilmente podrán ser curadas. Hay errores que pagaremos de por vida por la falta de sensibilidad de épocas pasadas y por la asunción de un concepto de desarrollo mal entendido.

Me despido del fresno deseándole mucha suerte para que podamos tener cuanto antes un buen Parque Nacional ampliamente representativo de sus valiosos ecosistemas y de los usos tradicionales que durante tanto tiempo han coexistido en esta sierra. Un Parque Nacional que proteja como mínimo desde Somosierra hasta Peguerinos y que su área de influencia comprenda desde Collado-Villalba hasta Segovia.

Mientras me alejo oigo disparos. Se ha abierto la veda. Decenas de aves vuelan despavoridas sin rumbo. Muchas de ellas hallan cobijo en los fresnos.

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