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Domingo, 24 de Septiembre de 2017

culturaCollado Mediano

La Posada Romana de Collado Mediano

Texto de Gloria Díaz Llorente. Plumilla de Julián Redondo.

2014-11-04
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Hubo un tiempo en que todos los caminos conducían a Roma porque una extensa red de calzadas se extendía entre los territorios del vasto Imperio romano. Hispania fue surcada en todas las direcciones por caminos que unían las ciudades principales y que, atravesados los Pirineos, conectaban con el sistema imperial de vías romanas, que tenía su punto de partida en la capital italiana.

En el llamado Itinerario Antonino, un documento supuestamente redactado en el siglo III y de autor desconocido, están recopiladas las 372 rutas principales del Imperio, de las cuales 34 corresponden a las provincias de Hispania. En cada una de las rutas se señalaban las mansiones, las correspondencias y las millas, más bien con un carácter recaudatorio que como una ayuda al viajero.

Inicialmente, estas calzadas fueron ideadas para facilitar el desplazamiento de las legiones romanas, pero pronto se aprovecharon para las comunicaciones y el comercio. A lo largo de estos caminos, cada 20 o 25 millas romanas, se construían mansiones que eran posadas o lugares de descanso y cambio de caballerías, situadas en los enclaves estratégicos y gestionadas por el Estado.

Uno de estos trayectos, la Vía 24 –que unía Emérita (Mérida) y Caesar Augusta (Zaragoza), pasaba por Segovia, entraba en la actual Comunidad de Madrid por Miaccum (o Miacum), recorría Titulciam, donde enlazaba con otras vías, y salía de la comunidad por Complutum (Alcalá de Henares). En este rompecabezas falta por encajar dónde estaban ubicados Miaccum y Titulcia.

Aunque existen diversas teorías sobre dónde se encontraba Miaccum, las últimas investigaciones lo sitúan en Collado Mediano, donde se han encontrado los restos arqueológicos de una mansio en el yacimiento de El Beneficio. El prehistoriador Jesús Jiménez Guijarro fue el impulsor del rescate y otorgó valor a dicho yacimiento, cuyos trabajos de excavación se iniciaron en 2003, poniendo al descubierto los restos de un edificio cuadrangular (15x15 m) de dos plantas y proporciones regulares, compuesto por dos alas separadas por un patio seguramente descubierto. En el ala norte se encontraban los dormitorios y las salas comunes; en la sur, el conjunto termal y una cocina amplia dotada de una gran cisterna que recogía el agua de la lluvia para su uso.

La ausencia de lujo sugiere que no se trataba de un emplazamiento destacado y que, al pertenecer a una carretera secundaria, era una posada sencilla. La estructura del edificio hace pensar que no todos los que paraban para reponerse de la subida o bajada del puerto utilizaban las termas. Sin embargo, los viajeros más pudientes se relajaban con los cambios de temperatura del candariun (baño caliente), frigidariun (agua fría) y tepidarium (de temperatura tibia para preparar al bañista para el agua caliente).

La posada debió de establecerse sobre el siglo II d. C., y tener su etapa de máximo esplendor en torno al siglo IV, hasta la llegada de los pueblos bárbaros. Parece ser que, después de un brutal ataque en el siglo V, algunos supervivientes acondicionaron las ruinas como vivienda durante unos pocos años.

Sentada frente al yacimiento, mientras intento descifrar dónde estaba qué, pienso que mientras las legiones romanas seguramente apretaban el paso para llegar hasta aquí y recuperarse un poco, los ciclistas pasan rápido, sin parar.

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