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Jueves, 25 de Mayo de 2017

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Niños hiperactivos ¿Se nos está yendo de las manos?

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2014-03-10
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Probablemente todos hemos conocido a niños muy inquietos, los típicos niños “que no paran”, que son incapaces de estar unos minutos seguidos delante de un libro o realizando una misma actividad. Es más, es posible que nosotros fuéramos también así de pequeños. Lo máximo que esperábamos era una buena regañina o incluso un azote por parte de nuestros padres, pero lo que nunca hubiéramos pensado es que sufríamos algún tipo de trastorno o que nos iban a poner tratamiento con anfetaminas (nada más y nada menos) para ayudarnos a mejorar la concentración.

El trastorno de déficit de atención e hiperactividad es un trastorno crónico de la maduración cuya causa es desconocida. Afecta a aproximadamente un 7% de los niños españoles. Las personas que lo padecen presentan ciertas dificultades en su capacidad para mantener la atención, pero pueden llevar una vida sin limitaciones. Personas tan ilustres e importantes como Einstein, Churchill y Ramón y Cajal lo padecieron, con lo que queda claro que no afecta a la capacidad intelectual.

El trastorno de déficit de atención e hiperactividad se diagnostica generalmente en la infancia y persiste hasta la edad adulta, de modo que la hiperactividad física de la infancia se convierte en dispersión mental al alcanzar la adolescencia, persistiendo las dificultades para mantener la atención y la concentración, así como una alteración en las relaciones familiares y sociales.

Existen diferentes tipos de este trastorno. En uno predominan los problemas en la atención, con dificultades para organizar o terminar las tareas, prestar atención a los detalles, seguir instrucciones o mantener una conversación. Los niños se distraen fácilmente o se olvidan de detalles en actividades cotidianas.

En otro tipo predominan los síntomas de hiperactividad e impulsivilidad. Los niños no pueden estar quietos y hablan mucho. Los más pequeños suelen correr, trepar o saltar constantemente por cualquier sitio. Pueden interrumpir a menudo a los demás, arrebatarles cosas o hablar cuando no deben. Se les hace difícil esperar su turno o recibir instrucciones. Pueden sufrir accidentes y lesiones con más frecuencia que los demás niños.

Por último un tercer tipo, el más frecuente, comparte síntomas de los dos anteriores.

En mayor o menor grado, este trastorno suele asociarse a problemas de relación social (agresividad, desobediencia, falta de autocontrol, mentiras frecuentes, robos y, en general problemas para mantener relaciones sociales y solucionar conflictos), problemas en el área emocional (depresión, problemas de sueño, baja autoestima, inmadurez, cambios de humor y conductas impulsivas) y problemas en el área académica (disminución del rendimiento académico).

Hoy por hoy no existe ninguna prueba diagnóstica que inequívocamente nos diga qué niño tiene o no tiene hiperactividad. El tratamiento con medicamentos tiene unas indicaciones muy concretas, mejorando de forma importante los síntomas. Y es en este punto donde se encuentra parte del problema que nos ocupa.

Durante el pasado mes de diciembre, el periódico New York Times, publicó dos artículos relacionados con el síndrome de hiperactividad que han suscitado un amplio debate en la población americana. En ellos se explicaba que el número de niños americanos con este diagnóstico estaba sufriendo un incremento exponencial, alcanzando cotas epidémicas, decían. Actualmente, un 15% de los niños americanos en edad escolar tienen este diagnóstico y 3,5 millones de ellos reciben medicación.

Los autores del artículo sugerían que la industria farmacéutica podría estar detrás del incremento en el número de diagnósticos, con la complicidad del colectivo médico. Es indudable que el beneficio de la Industria farmacéutica con medicamentos como Concerta®, Elvanse®, Equasym®, Medicebran®, Medikinet®, Rubifen®, Strattera®, etc. es muy importante.

Sin embargo existen otra serie de factores sociológicos que pudieran estar detrás de esta “epidemia”. La presión que ejercen los padres sobre los médicos no es desdeñable. Cuando los niños no alcanzan la excelencia académica que los padres esperan, éstos buscan respuestas, buscan problemas médicos que los puedan justificar. Buscan el control del comportamiento que ellos mismos no pueden dar o que el colegio no les puede ofrecer. Por ello acuden a especialistas que justifiquen el porqué sus hijos no cumplen las expectativas que ellos habían previsto. Nuestra Sociedad es tan competitiva que esperamos siempre lo mejor de las personas que queremos. Si ello implica el consumo de estimulantes, bien venidos sean. Y para ello exigen un diagnóstico, aunque haya que acudir a todos los médicos que sean necesarios. Y muchas veces los médicos claudican ante tanta presión. Un problema que suele observarse en las familias de mayor nivel económico y social. ¿Hasta que punto estos aspectos influyen en la cada vez mayor tasa de niños con el diagnóstico de síndrome de hiperactividad?

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