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Domingo, 19 de Noviembre de 2017

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El Centro Cívico de Colmenarejo recibe el nombre de Manuel Entero Muñoz

Familiares, amigos y vecinos entre otros, asistieron el sábado al acto para rendir homenaje a este ilustre vecino. A la cita también acudió la alcaldesa de Colmenarejo, Nieves Roses.

2013-03-11
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Colmenarejo era, en el primer cuarto de siglo, un humilde pueblo de corto vecindario, con poco más de un centenar de habitantes. Los bienes de primera necesidad escaseaban y la alta mortalidad infantil hacía estragos en las familias más humildes. En el seno de una de ellas nacía, el 17 de junio de 1912, Manuel Entero Muñoz, hijo de Eugenio e Ignacia, demostrando desde su nacimiento ser una de esas personas a las que acompaña la “buena estrella”. Nacido a los siete meses de gestación, fue el primero de catorce hermanos que logró sobrevivir. Su austera infancia le permitió, no obstante, acudir a la “Escuela Mixta”, ubicada por entonces en el Ayuntamiento, donde aprendió a leer y escribir, formación que le permitiría ayudar en tareas municipales en su juventud.

De espíritu inquieto, en su infancia fue monaguillo en la Parroquia del pueblo, labor que desempeñó con diligencia, de tal forma que a diario recorría los diez kilómetros que nos separan del vecino pueblo de Valdemorillo para acudir a las clases de solfeo del Sacristán de aquella localidad. Allí aprendió a tocar el órgano con el fin de poder hacerlo más tarde en Colmenarejo. Más adelante llegaría a ser Sacristán de la parroquia, tarea que desempeñó durante cincuenta años, y que trajo consigo el reconocimiento, por su buen hacer en este campo, del Papa Juan Pablo II, que en manos del Cardenal Antonio María Rouco Varela, le entregó una distinción pontificia.

Sin embargo, los avatares del destino le llevaron a otras muy diferentes labores. Al quedarse huérfano de madre con 14 años, fue recomendado para trabajar en una casa de alcurnia en Alcalá de Henares. Posteriormente se trasladó a Madrid acompañando a sus patronos, para más tarde quedarse solo en Madrid al trasladarse al extranjero la acomodada familia para la que trabajaba.

Aún sintiéndose sólo, (debemos pensar que se trataba sólo de un niño carente del necesario calor familiar), buscó trabajo en la capital.

Volver a su pueblo, que tanto añoraba, al cariño de su familia, resultaba un lujo incompatible con su deber de buscarse sustento. Así pasó de mozo de comedor a camarero, para más tarde ser un avispado dependiente de joyería. Un accidente en el tranvía que recorría entonces las calles de la capital hizo que, convaleciente, regresara a Colmenarejo a curar sus graves heridas. Una vez más, la vida le hizo un guiño y salió adelante.

El Servicio Militar le llevó a Zaragoza y sólo volvió a salir de Colmenarejo para ir a Madrid durante la Guerra Civil, donde en varias ocasiones consiguió escapar de un trágico final. Tras la contienda pasó a desempeñar puestos de responsabilidad en el municipio. A Manolo no le gustaba mucho hablar de este episodio de su vida, pero les diré que gracias a él, a su labor, interés y, especialmente su buen corazón, muchos vecinos que se hallaban en situaciones apuradas regresaron con sus familias en unos momentos altamente delicados.

El 30 de noviembre de 1947 contraía matrimonio con Felisa Martín Gamella. Fruto de esta unión nacieron sus tres hijos: Manuel, Victoria y Tomás.

Siempre cerca de la Iglesia y de los acontecimientos multitudinarios del pueblo, es reconocida por todos los vecinos su colaboración continuada y desinteresada en todos aquellos actos en los que era requerido.

Fue uno de los fundadores de la Hermandad de la Virgen de la Soledad, dedicando, junto a otros vecinos, su tiempo y su cariño para que, con tesón y generosidad esta organización saliera adelante y llegase a nuestros días.

En 1996 publicó un libro con el único interés de que las futuras generaciones tuvieran referencia de como era y cómo se vivía entre los años 1913 y 1996 en esta Villa de Colmenarejo a la que quería con toda su alma.

Para muchos permanecerá en sus recuerdos y corazones como el querido e inolvidable Rey Melchor que, a caballo, a pie o a carroza, repartía casa por casa, primero en solitario y más tarde con los otros dos Reyes Magos, ilusiones a centenares de niños. Pocos años después de la Guerra comenzó esta labor que continuó hasta el año 2005, en que sus hijos, preocupados por su avanzada edad, decidieron prudentemente retirarlo. Manuel cedió ante esta petición no sin sentir una profunda tristeza.

Manolo era una de esas personas capaces de encontrar siempre el lado positivo de las cosas, de hablar sinceramente, de cumplir con su deber, de imprimir sentido humano a todos sus actos... principios que mantuvo inalterables a lo largo de su vida y que constituyeron suficientes méritos para que el Ayuntamiento, presidido por la Alcaldesa Dña. Mª Isabel Peces-Barba, haciéndose eco de la admiración y respeto del pueblo de Colmenarejo hacia Manuel, propusiera nombrarle Hijo Predilecto de la Villa, hecho que fue aprobado por unanimidad de todos los Concejales de la Corporación el día 31 de Marzo de 2005, estimando que este nombramiento sería la mejor forma de expresar su agradecimiento y devolver el amor que a Colmenarejo siempre profesó.

El día 11 de enero de 2011, a la edad de 98 años, fallecía Manuel Entero tal y como había vivido, en paz, sintiéndose querido y siempre rodeado de los suyos. Basado en su firme creencia y su esperanza tan sencilla y tan sólida, edificó un entorno lleno de amor y de ejemplaridad, proyectado en su familia y en su pueblo.

El recuerdo de Manolo se impregna de sencillez, apacibilidad, amabilidad, nobleza, disponibilidad, interés por los demás, educación y respeto. Todo junto y mezclado en sabias proporciones. Muchos se beneficiaron de su caridad y de su espíritu noble, en el que nunca permitió que anidara el rencor.

Practicó, serena y humildemente, sin ningún alarde, las virtudes cristianas, y supo transmitirlas a su familia y sus convecinos.

Desde su fe inquebrantable, desde su esperanza sin fisuras, practicó sencillamente todas las virtudes que conforman la vida del cristiano: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza; pero, sobre todas ellas, la caridad.

Algo más de un año después de su marcha, la nueva Corporación encabezada por Dña. Nieves Roses Roses, estimando que Manuel representó todo lo que nos une, contribuyendo a hacer de Colmenarejo un sitio mejor, encarnando como pocos los valores de Civismo, Cultura y Esfuerzo, y considerando que su recuerdo sigue inspirando esos valores y el amor al pueblo, aprueba que, de ahora en adelante, el Centro Cívico de la localidad pase a denominarse “Centro Cultural Manuel Entero Muñoz”, algo que se hizo efectivo el sábado con un entrañable acto al que asistieron familiares, amigos y vecinos de la localidad.

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